Responsabilidad por todo lo que somos
Por Verónica Hernández Simeonoff, artículo publicado en el periódico Canal de Luz, Abril de 2006
En la entrega anterior comenzamos a compartir sobre el tema de la “nueva energía”. Hablábamos de que la energía siempre ha sido la misma, sin embargo, hay una nueva cualidad desplegándose, y esa nueva cualidad está impactada directamente por la persona que comanda, siente e interpreta la energía, el llamado observador.
Hemos llegado a una etapa más adulta en el camino de nuestra evolución donde ya nos estamos dando cuenta que somos parte activa en la creación de la realidad que nos rodea. Nosotros somos esa nueva energía. Desde nosotros emanan las órdenes y los comandos que cambian la realidad que vivimos y somos de igual manera nosotros los que interpretaremos la realidad. Somos el centro de control, el centro del universo de todo lo que sucede en nuestras vidas.
En cuanto comenzamos a pensar en la posibilidad de que todo lo que nos sucede está allí porque lo hemos creado en uno u otro nivel de consciencia, la parte de nosotros tan acostumbrada a buscar culpables fuera y regodearse en la idea de la víctima comienza a resistirse a este nuevo concepto de poder y responsabilidad. Lo mismo sucede cuando nos detenemos a pensar que tengo la capacidad para crear lo que desee en mi vida. Al principio esta idea nos fascina, pero sin duda pronto nos comenzaremos a hacer preguntas importantes, ¿qué quiero crear? ¿es realmente adecuado para mi y los demás esto que deseo crear? ¿estoy creando apropiadamente y para mi mayor bien?
Sin duda es muchísimo más sencillo vivir pensando que la causa de lo que nos sucede y no nos agrada está fuera de nosotros y no es para nada nuestra creación ni nuestra responsabilidad. Y din dudas, es mucho más sencillo creer que si, que tenemos poder para crear, pero hasta cierto punto, porque si las cosas no salen bien o resultan dolorosas, siempre es un alivio buscar fuera y no dentro de nosotros la causa.
Comenzar a navegar en las aguas de la nueva energía trae implícito en sí una cualidad que no podemos barrer debajo de la alfombra y esa cualidad es la responsabilidad. Como seres divinos, adultos en nuestro camino de desarrollo de consciencia, es básico que tarde o temprano nos enfrentemos a la idea de ser responsables por el manejo que hacemos de nuestra energía, es decir, por el manejo que hacemos de nosotros. Y nosotros somos energía, somos pensamientos, emociones, acciones, intenciones en un proceso continuo de creación que no para. Siempre estamos creando, siempre.
Nos hemos acostumbrado a hacernos responsables de lo que se ve y se toca, de lo tangible y muchas veces pasamos por alto o no le damos la suficiente importancia al resto de las energías. Por ejemplo, somos responsables de nuestros hijos y como tales, les aseguramos alimentación, educación, vestido. Medimos nuestra responsabilidad tomando como base lo que le damos a nuestros hijos, lo cual es por supuesto importante. Pero ¿nos detenemos a pensar en otra cantidad de energías que emergen de nosotros en relación a ellos?. ¿Cuáles son nuestras intenciones verdaderas? ¿Manipularlos, que vivan de acuerdo a nosotros, que no molesten mucho? ¿Respetamos sus creencias? ¿De qué manera nos comunicamos? ¿Somos amorosos de corazón? ¿Los juzgamos y criticamos todo el tiempo? ¿ Qué pensamos de ellos? ¿Cuál es la calidad del tiempo que les dedicamos? ¿Estamos sinceramente involucrados en nuestro rol de padres?
Nuestros pensamientos, emociones, intenciones, son energía y esa energía es la que ponemos en nuestra realidad y la realidad responde, modificándose y reaccionando de acuerdo a nuestras órdenes, aún las más íntimas, conscientes e inconscientes. Recordemos siempre, somos un cúmulo de energías en un continuo proceso creador que no se detiene ni un segundo, enviando mensajes al universo y estos mensajes crean la realidad. Hagámosnos responsables por todo lo que somos y de nuestras creaciones.
En la energía del amor,
Vero
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